¿Qué nos enseña la historia?

¿Qué nos enseña la historia?

Posted by CNT Fernán Nuñez on Lun, 18/02/2008 - 19:12 in

“No basta con conocer la historia, hay que intentar comprenderla”

Este año se cumple el 75 aniversario del comienzo de la IIª República Española y el 70 aniversario de la Guerra Civil y la Revolución Social, hechos de gran relevancia en nuestra historia contemporánea y que siguen despertando gran interés histórico y social.

Durante décadas dominaron en España las versiones creadas por el franquismo y que venían a justificar la sublevación militar de julio del 36 desde la idea de que en el país había desorden y falta de gobierno, pero fuera de España había otras visiones sobre estos hechos históricos, trabajos que se extendieron por la sociedad española después de la muerte del dictador y a los que se sumaron nuevas investigaciones tratando de aprovechar testimonios personales y documentos para construir una imagen más objetiva sobre lo ocurrido durante esa época. En nuestro entorno cercano podemos destacar la obra de Francisco Moreno Gómez sobre la Guerra Civil en la provincia de Córdoba, o más recientemente, el libro de Arcángel Bedmar, “La campiña roja”, que se centra en el estudio de la Guerra Civil en Fernán Núñez. También desde los medios de comunicación se realizan trabajos documentales que de una u otra forma vienen a completar una explicación sobre esos hechos históricos, superándose la visión que el régimen franquista extendió y que todavía defienden ciertos sectores sociales apegados a sus valores.

En las interpretaciones más objetivas sobre esa época histórica aparece como un elemento principal de análisis la injusticia social existente en el país como consecuencia de una nefasta distribución de los recursos productivos. Millones de trabajadores y sus familias viven en condiciones insoportables, sumidos en la miseria y desesperación; mientras, una minoría dispone de la riqueza industrial, agraria y financiera; capitalistas, terratenientes y clases dirigentes, muy pocos sensibles con las necesidades de las clases obreras. Sirva como ejemplo un dato: al comenzar la IIª República un kilo de pan cuesta 70 céntimos y un “bracero” del campo gana entre 2 y 3 pesetas al día después de más de 10 horas de trabajo, teniendo en cuenta además que en algunas épocas del año ni siquiera había trabajo.

Hay pues que reconocer que la lucha social de clases está presente en los hechos históricos que llevan a la Guerra Civil, estando por un lado la pobreza y la explotación de las masas obreras que quieren cambios para salir de la miseria; y por otro, las clases dominantes, poco dispuestas a evolucionar en el sistema sociopolítico; y en ese contexto, la clase obrera, desde diversas ideologías y organizaciones “sueña” con un mundo mejor, reivindica transformaciones que apenas llegan y se potencian los deseos revolucionarios para cambiar la sociedad; mientras, las clases dominantes pensaban en la manera de acabar con las aspiraciones obreras. La incapacidad del sistema sociopolítico para llevar algo de dignidad a la vida de una clase obrera excluida y empujada por la miseria junto a la intransigencia de las clases privilegiadas que no están dispuestas a avanzar en el camino de la democracia alimentan una lucha social que llevaría a la Guerra Civil.

Cuando se describe el periodo de la II República se habla sobre todo de la conflictividad social que implica a la clase obrera: radicalización, huelgas, manifestaciones, ocupación de tierras, anticlericalismo, etc., y del laicismo estatal presentado como ataques a la iglesia; pero no se explica que el origen de esa conflictividad social estaría principalmente en la injusticia social. Tampoco se explica lo suficiente los intentos de modernización de algunos gobiernos de la República en materia de derechos fundamentales, legislación social y laboral, educación pública, sanidad, reforma agraria; ni la oposición que recibe la IIª República desde el primer momento por parte de los grupos sociales más privilegiados, que van a desarrollar todo tipo de obstáculos para que las reformas sociales fracasen: retirada de inversiones, incumplimiento de leyes agrarias, abandono de tierras y centros productivos, etc.

En esa tensión social se alternan los diferentes y en parte contrapuestos gobiernos de la IIª República, habiendo un intento de golpe de estado por parte de algunos militares en 1.932 y levantamientos revolucionarios obreros en 1.933 y sobre todo en la revolución de Asturias en 1.934, procesos que acaban siendo “sofocados” por los gobiernos republicanos. Después de las elecciones de Febrero de 1.936, el gobierno del Frente Popular reinicia las reformas sociales en un ambiente donde las masas obreras reivindican profundas transformaciones y los grupos conservadores piensan en la sublevación militar como única forma de conservar su poder. En este contexto se produce el golpe de estado del 17-18 de Julio, preparado desde meses atrás por grupos de la derecha política, militares, monárquicos, grandes terratenientes y oligarquía financiera e industrial, teniendo por objetivo deshacer las reformas políticas y sociales para restaurar el sistema anterior a la República, un sistema poco democrático y con escaso reconocimiento de derechos para las clases obreras. Los promotores del levantamiento militar creían que en unos días o semanas se impondrían, pero se produce la división del ejército y la oposición al golpe de estado por parte de organizaciones obreras y de partidos políticos vinculados a la República, desencadenándose una revolución social obrera, quedando el país dividido en dos zonas con proyectos sociopolíticos diferentes e iniciándose una guerra que se prolongaría hasta 1.939.

Llama la atención que a pesar de la actualización de las interpretaciones históricas sobre la guerra civil todavía predomina en muchos textos académicos una imagen que presenta a la zona republicana más bien en negativo, se resaltan el desorden revolucionario y las incautaciones, el enfrentamiento interno, la persecución y asesinato de religiosos y personas consideradas enemigas de la república o la revolución, la quema de iglesias; dejando casi en el olvido los aspectos más constructivos de la revolución social en zona republicana (colectivizaciones obreras, socialización de la economía, descentralización política, etc.) Sin embargo, la zona sublevada, gobernada por Franco, se presenta más en positivo, resaltando la unidad y el orden, pero apenas se explican la represión y el asesinato de miles de obreros y defensores de la república, la falta de libertades y la expropiación a organizaciones obreras y partidos republicanos, ni la imposición religiosa.

Un elemento importante de análisis está en el papel que juega el ejército, convertido en instrumento político por parte determinados grupos de poder e involucrado en conflictos de política interior desde décadas anteriores. La República abría el camino de una descentralización política para algunas regiones, pero la mentalidad conservadora y la idea de unidad de un estado centralista, así como las reformas militares que intentan reducir la influencia política del ejército, hacen que muchos oficiales no acepten el régimen republicano y junto a grupos sociales más conservadores piensen en la posibilidad de una sublevación para restablecer un régimen centralista. Cuando en agosto de 1.932 un grupo de militares liderados por Sanjurjo se levantan contra la República, no están solos, pero muchos jefes militares que no comparten el régimen republicano no se suman al golpe de estado porque creen que no es el momento. Tras las elecciones de febrero de 1.936, el gobierno del Frente Popular intenta aislar a los militares más sospechosos de conspirar y desde ese momento algunos generales (Mola, Sanjurjo, Franco, etc.), junto a ciertos sectores de la derecha política preparan el levantamiento contra la República, sublevación a la que se suman, sobre todo, los grupos sociales más privilegiados o alejados de las ideas obreristas. En ese levantamiento militar contra la legalidad republicana está la causa inmediata de la guerra civil que se extendió a todo el país desde julio del 36 y la responsabilidad primera de lo que ocurrió a partir de ese momento.

Otro factor importante para entender la evolución de estos acontecimientos históricos está en la intervención extranjera. Sobre esto se ha escrito mucho y ciertas interpretaciones pretenden presentar una visión equidistante que viene a afirmar que ambos bandos recibieron ayudas similares durante la guerra civil, pero las interpretaciones más objetivas consideran que el desarrollo de la diplomacia y la política a nivel internacional juegan a favor de los sublevados. La política de “no intervención” de las llamadas democracias europeas (Francia y Reino Unido) perjudicaría seriamente a la República porque Alemania e Italia ayudaron a los sublevados desde el principio hasta el final de la guerra. La Unión Soviética, que tenía sus principales intereses en el Este, entró en el conflicto español para intentar arrastrar a Francia e Inglaterra hacia la intervención de cara a alianzas posteriores en otras zonas de Europa y Asia, por eso frena la revolución social, para presentar una cara “moderada” del gobierno republicano. Además, los gobiernos de Francia y Reino Unido, presionados por las burguesías de sus países, quieren evitar que la revolución social de la zona republicana sea un ejemplo para las clases obreras de sus países. Estados Unidos opta también por la no intervención, pero compañías americanas abastecían de combustible a las tropas de Franco. En ayuda humana la República recibió a unas 45.000 personas (Brigadas Internacionales y asesores soviéticos); por su parte, los sublevados recibieron la ayuda de mandos militares y unos 180.000 soldados procedentes de Italia, Marruecos (80.000 mercenarios), Alemania y Portugal. La ayuda italiana y alemana desde finales de Julio del 36 fue decisiva para los sublevados en las primeras semanas pues sin ella el golpe no hubiera seguido adelante y la República hubiera controlado la sublevación. Sin la ayuda soviética desde finales de septiembre del 36 la resistencia republicana ante el avance de las tropas sublevadas apoyadas por Alemania e Italia hubiese sido menor, aunque esta ayuda soviética desapareció prácticamente después del verano del 38, incluso material pagado por el gobierno republicano no llegó a España. Hay que decir que la ayuda no era gratuita, además de intereses estratégicos y políticos, Alemania e Italia obtuvieron a cambio contratos para la explotación minera de España y la Unión Soviética recibió depósitos de oro del Banco de España.

Todos estos elementos hacen que la ayuda externa a la zona sublevada, gobernada por Franco, fuese más decisiva para el desenlace de la guerra. El gobierno republicano se vio prácticamente abandonado, Francia y Reino Unido reconocieron el régimen dictatorial de Franco como gobierno de España incluso antes de finalizar la guerra (febrero de 1.936), y cuando ésta termina, las democracias occidentales dieron la espalda al gobierno republicano en el exilio, liquidando la IIª República y reconociendo definitivamente al régimen de Franco.

En este análisis sobre la guerra civil española hemos de tener en cuenta el papel de la Iglesia Católica, una institución de gran influencia social e identificada con el poder político y las clases dominantes desde tiempo atrás. En la mayoría de textos, libros y documentales, se explica que la Iglesia Católica fue víctima del anticlericalismo de algunos sectores sociales, sin explicar el papel activo que cierto sector de la iglesia, sobre todo de su jerarquía, tuvo en el desarrollo de la guerra civil; ni que el anticlericalismo, presente en los conflictos sociales del país desde décadas anteriores, se radicaliza en los primeros meses de la guerra, en la vorágine de violencia que la guerra desata en todo el país; cuando la guerra ya ha comenzado y la Iglesia Católica ha tomado partido en ella apoyando la sublevación contra la República en la mayor parte del país.

Cuando llega la IIª República, el gobierno quiere modernizar el Estado y avanzar en la separación Estado-Iglesia, para ello realiza una serie de reformas entre la que destacan la libertad religiosa y la no obligatoriedad de la asignatura de religión en la enseñanza, ley de divorcio, ley de matrimonio civil, cementerios civiles y restricciones en materia educativa para las órdenes religiosas; reformas que reducen su poder social y que son recibidas como un ataque a lo que la Iglesia llama sus derechos divinos. Por ello, la Iglesia Católica, nada acostumbrada a vivir en un contexto de pluralidad y libertad, vive la llegada de la República como una desgracia y se suma al movimiento político contrario a ella. Desde la Iglesia Católica se habla de la necesidad de una restauración social cristiana mucho antes de comenzar la guerra y de “guerra santa y justa”, o de “cruzada religiosa nacional y católica” una vez que la guerra ha comenzado, calificando la sublevación militar de julio del 36 como “providencia divina en defensa de la civilización cristiana frente al ateísmo y el comunismo”. La Iglesia Católica se implica en el conflicto desde el primer momento, apoyando en cuerpo y alma al nuevo régimen que se levantaba, bendiciendo sus actuaciones y su represión, formando parte del Estado dictatorial, y también recuperando todos sus privilegios, el control de la enseñanza y de la vida social.

Otro aspecto muy olvidado es el fenómeno de la guerrilla, grupos comunistas, anarquistas y socialistas que quedaron aislados en el interior o que entraban por los pirineos y que ofrecieron resistencia a la sublevación militar después de darse por terminada la guerra. Al finalizar la IIª Guerra Mundial los aliados no intervinieron en España al ver en Franco un aliado en la política anticomunista frente al creciente poder de la Unión Soviética y la guerrilla decrece, pero aún así, algunos grupos de guerrilleros republicanos actuaron hasta más allá de 1.955, e incluso de manera aislada hasta principios de los 60.

Las consecuencias de la guerra civil fueron devastadoras para el país: destrucción material y económica, cientos de miles de muertos y heridos en la contienda, exilio, represión posterior a la guerra que costó la vida o la libertad a miles de personas y a sus familias. La guerra civil supuso la instauración de un régimen dictatorial que anuló los derechos políticos y sociales de las clases trabajadoras, además de un retraso social, económico, político y cultural de España con respecto a los países del entorno europeo. La dictadura de Franco aplicó lo que ha venido a llamarse una “justicia al revés”, que supuso la muerte o la cárcel para miles de personas acusadas de adhesión a la rebelión militar, cuando quienes se habían rebelado militarmente contra el sistema democrático establecido fueron el dictador y los que ocupaban esos tribunales militares. Además, la dictadura desarrolló una política de terror, silencio y olvido, creando un miedo que llega a nuestros días.

Bartolomé Miranda Jurado